lunes, 18 de febrero de 2008

Dormido entre las hojas de los libros

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"Lo barro desde el interior,


me digo que no es para mí,

que yo sólo quiero la flor del tiempo...


No necesito nada más

que el soplo de un amanecer,

que el resto es sólo el humo del incienso.

Duérmete al cobijo de esta tarde,

duérmete al agua de anís,

duérmete al arrullo de la brisa,

duérmete al verde fugaz. . .


Dime que fue verdad que hubo un sendero aquí,

que también yo ando perdido...

Como el torero al que abandona su coraje

busco yo a tientas burladeros...


Duérmete con la nana del gitano,

duérmete al verde fugaz,

duérmete bajo un nido de pecados,
duérmete...
que yo velaré.

Cuando el vapor del alma fiera se disipa

queda el torero económico..

Si es que existen,

he de encontrar

lenguajes de un mundo que está dormido entre las hojas de los libros.

Prefiero decir la verdad si sólo puedo respirar junto al árbol de las hojas que ríen. "


Manolo García







domingo, 17 de febrero de 2008

EL SILENCIO

He vuelto: no traigo excusas, sólo estuve alejada temporalmente por orden de prioridades... pero perdonad mi ausencia- silencio, que no me gusta tanto, pero a veces es inevitable y necesaria. Prometo contestaros todas vuestras cariñosas respuestas. Os dejo este prodigio de Clarice Lispector, dedicado especialmente a mi amiga Graciela, y mi buen amigo Jose. Un abrazo a todos los demás y muchas gracias por todo lo que vertís en este diario..

"Es tan vasto el silencio de la noche en la montaña. Y tan despoblado. En vano uno intenta trabajar para no oírlo, pensar rápidamente para disimularlo. O inventar un programa, frágil punto que mal nos une al súbitamente improbable día de mañana. Cómo superar esa paz que nos acecha. Silencio tan grande que la desesperación tiene vergüenza. Montañas tan altas que la desesperación tiene vergüenza. Los oídos se afilan, la cabeza se inclina, el cuerpo todo escucha: ningún rumor. Ningún gallo. Cómo estar al alcance de esa profunda meditación del silencio. De ese silencio sin memoria de palabras. Si es muerte, cómo alcanzarla.


Es un silencio que no duerme: es insomne; inmóvil, pero insomne; y sin fantasmas. Es terrible: sin ningún fantasma. Inútil querer probarlo con la posibilidad de una puerta que se abra crujiendo, de una cortina que se abra y diga algo. Está vacío y sin promesas. Si por lo menos se escuchara al viento. El viento es ira, la ira es vida. O nieve. La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo, los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella. Hay una continuidad que es la vida. Pero este silencio no deja señales. No se puede hablar del silencio como se habla de la nieve. No se puede decir a nadie como se diría de la nieve: ¿oíste el silencio de esta noche? El que lo escuchó, no lo dice.
La noche desciende con las pequeñas alegrías de quien enciende lámparas, con el cansancio que tanto justifica el día. Los niños de Berna se duermen, se cierran las últimas puertas. Las calles brillan en las piedras del suelo y brillan ya vacías. Y al final se apagan las luces más distantes.
Pero este primer silencio todavía no es el silencio. Que espere, pues las hojas de los árboles todavía se acomodarán mejor, algún paso tardío tal vez se oiga con esperanza por las escaleras.
Pero hay un momento en que del cuerpo descansado se eleva el espíritu atento, y de la tierra, la luna alta. Entonces él, el silencio, aparece.
El corazón late al reconocerlo.
Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. Pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aun el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta —cómo ardemos por ser llamados a responder—, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano humillado de nacimiento.
Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio.
Puede intentar engañársele, también. Se deja caer como por casualidad el libro de cabecera en el suelo. Pero, horror, el libro cae dentro del silencio y se pierde en la muda y quieta vorágine de éste. ¿Y si un pájaro enloquecido cantara? Esperanza inútil. El canto apenas atravesaría como una leve flauta el silencio.
Entonces, si se tiene valor, no se lucha más. Se entra en él, se va con él, nosotros los únicos fantasmas de una noche en Berna. Que entre. Que no espere el resto de la oscuridad delante de él, sólo él mismo. Será como si estuviéramos en un navío tan descomunalmente grande que ignoráramos estar en un navío. Y éste navegara tan largamente que ignoráramos que nos estamos moviendo. Más de eso, nadie puede. Vivir en la orla de la muerte y de las estrellas es una vibración más tensa de lo que las venas pueden soportar. No hay, siquiera, un hijo de astro y de mujer como intermediario piadoso. El corazón tiene que presentarse frente a la nada sólito y sólito latir alto en las tinieblas. Sólo se escucha en los oídos el propio corazón. Cuando éste se presenta completamente desnudo, no es comunicación, es sumisión. Además, nosotros no fuimos hechos sino para el pequeño silencio.
Si no se tiene valor, que no se entre. Que se espere el resto de la oscuridad frente al silencio, sólo los pies mojados por la espuma de algo que se expande dentro de nosotros. Que se espere. Un insoluble por otro. Uno al lado del otro, dos cosas que no se ven en la oscuridad. Que se espere. No el fin del silencio, sino la ayuda bendita de un tercer elemento, la luz de la aurora.
Después, nunca más se olvida. Es inútil intentar huir a otra ciudad. Porque cuando menos se lo espera, se puede reconocerlo de repente. Al atravesar la calle en medio de las bocinas de los autos. Entre una carcajada fantasmagórica y otra. Después de una palabra dicha. A veces, en el mismo corazón de la palabra. Los oídos se asombran, la mirada se desvanece: helo ahí. Y desde entonces, él es fantasma."

lunes, 28 de enero de 2008

En el limbo estelar


"Porque mientras ame a un Dios únicamente porque no me quiero a mí, seré un dado marcado y el juego de mi vida mayor no podrá realizarse. Mientras yo invente a Dios, Él no existirá."

Clarice Linspector, "Felicidad Clandestina"

"Contempla la obra de Dios. ¿Quién podrá enderezar lo que él torció?. No sólo que podamos alterar a la madre naturaleza, creo que ella lo quiere así."

Gattaca

Perdemos la memoria, y soñando que soñamos, nos perdemos la mayor emoción del niño: despertar. Sólo estamos jugando distraídos en el limbo estelar de esa razón última...

Es el juego salvaje de vivir. Y la entelequia, el trabajo y el fin, el amor. Pero alguien mezla las cartas del solitario, y no sabemos cómo saldrán... Algunos tienen la "suerte" de trascender, y otros se quedan en las puertas del devenir, la realidad.
Uno no puede ser imparcial con lo que ama, con lo que es. Al menos, somos demasiado débiles.. Por eso hicimos una apuesta fuerte por lo esencial. Por eso no nos conformamos con ser tristes jugadores de póquer que no arriesgan nada.. Pusimos en tela de juicio nuestra alma, incluso la vendimos al agnosticismo una noche de resaca, por la ciudad... Y resultamos perdedores, perdedora la lógica y vencedora la Utopía. Todavía le doy vueltas a cómo encontramos la solución al caos sin salir del desorden.. La solución era volver al instante en el que perdimos la fe. Nuestra historia sólo provenía de ese mismo punto brillante, mientras vagábamos en esa aureola de luz, riéndonos, tan extraños entre nosotros mismos..

"Para ser alguien que nunca estuvo hecho a la medida de este mundo, debo confesar que me está resultando difícil abandonarlo. Claro que dicen que cada átomo de nuestro cuerpo formó parte una vez de una estrella. Quizá no me esté marchando, quizá esté yendo a casa."

sábado, 19 de enero de 2008

Imagine

Cuesta saber en qué momento empieza a forjarse el carácter. Y más en una niña que juega entre tendederos de ropa, en una terracilla pobretona con vistas al ayer. En el barrio semimarginal donde se practica la subsistencia y se soportan entre sí las neuras de cada raza: gitanos, árabes, payos, turcos, alemanes. .

En un lugar donde se vende, se trafica con el amor, se drogan con una copia falsa, maricas, mendigos, hippies, pervertidos, yonquis y artistas progres deprimidos rezumando decadencia.

De esa forma, comienza a afilarse la mirada, la mirada infantil, aserrada por la violenta realidad. Por esa realidad prostituida. Una madrugada, gritos de mujer tras el tabique de su dormitorio, gritos de auxilio le harán atar los cabos por primera vez. El terror la paraliza: se tapa los oídos. Aún así sigue escuchando las voces de socorro y sus padres que se levantan para llamar a la policía. Los vecinos salen a intentar auxiliarla. Pero dentro - ella sabe - un hijo de perra le busca la muerte. Esta vez han llegado a tiempo. Pero volverán a deja que ocurra la tragedia. Para ella, esa noche fue la primera vez que le extirparon su inocencia. Y la primera que odió a conciencia, que tuvo rabia e impotencia en su ser.

Estuvo mucho rato en silencio, con los ojos revéntandole de lágrimas: soledad, miedo, injusticia, palabras que entraban en su raciocinio débil de niña-mujer. La opacidad de la pared con la que se estampaba la hizo madurar de repente. Precozmente. Empezó a creer en el castigo. En la pena máxima para quienes torturan inocentes y violan labios vírgenes. Para quienes secuestran ángeles y deforman rostros con ácido por capricho, por puta cobardía.

Después, todo fue distinto. El prisma por el que se filtra la luz de la verdad te hace ver las cosas de una manera menos caótica. Empiezas a cantar entre dientes, para olvidar lo que estás pensando. Empiezas a planear tus sueños anticipadamente, para evitar las pesadillas. Y empiezas a imaginar que no existe el Cielo... sin el infierno debajo nuestro. A imaginar que los demonios no llevan disfraz de persona. Que tú puedes hacerme creer que somos iguales. Que no hay misterios entre nosotros. Y que no es peligroso afirmar que existe el amor. Que la esperanza no es un campo minado para el niño. Imagina que no existen las frases, ni las palabras. Que sólo pudiéramos expresarnos con una sonrisa. Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Aún me emocionan estas mismas letras. Y no me cansa dormirme con el último pensamiento que extraje al día. Pensar qué estás pensando, cuando ya no sea nada. Cuando lo que imagines sea más rápido que lo que piensas, quizá estarás tocando el cielo con las manos..

(Bis) Puedes decir que soy un soñador,

pero no soy el único

Espero que algún día te unas a nosotros.


domingo, 13 de enero de 2008

Qué sabes tú, del tiempo,

Si no lo echaste a volar contigo

Con cada golpe de viento

Que pasa por los vértices de la estrella…

Qué sabes tú,

Que inhalas los segundos

En cada risa ahogada

Y exprimes el silencio


Qué sabes tú,

Di

De la sombra

Si rotulas el olvido

En la materia ausente, ausencia...


Qué sabes tú del rostro,

Del reflejo suspirado

En el espejo

De las lomas dibujadas por el cielo

De las nubes disipadas

Por el sol permanente…

Tú, te arrojas a la luz indolora

De una vela

Con el alma fundida con el cuerpo ...



Qué sabes tú del mar, indiferente,

De sus labios corrosivos,

Si no te estrellaste en la espuma,

Si no te hincaste en el amasijo hirviente

Si no te escapaste por la garganta,

Escupiendo agua salada del vientre.


Qué sabes tú del amor,

No sabes nada..

Por cada instante cesado sin conocerte

Has deseado ser ignorada

Por lo que ahora sientes..

Pero es la hora,

Y aunque el rayo finja deshacerse

No puedes pronunciar, mirar..

Aún ...

... es demasiado pronto.









Sol ya ausente


"Todavía un instante, mientras todo se apaga,
la piedra que recoge lo que el cielo desdeña,
esa mancha de luz
para cuando no quede,
un poco de calor
para cuando la noche ...

Todavía un instante, mientras todo se pierde,
la memoria que guarda la belleza de un rostro,
esos ojos lejanos que derraman
su claridad aquí, tan dulce y leve,
este amor obstinado
para cuando el olvido ...

Pero el olvido nunca:

un instante final que se transforma en siempre,
la luz sobre la piedra,
la mirada
que dora tenuemente todavía
-después de haber mirado -
la penumbra de un sueño... "

Ángel González,

Descanse en Paz

domingo, 6 de enero de 2008

El Valle del Silencio

Cuentan de un surco abierto en las montañas, llamado Valle del Silencio,

que muy pocos hombres se han atrevido a cruzar,

porque allí


paredes de nieve , castillos de hielo en medio de la nada, devoran las palabras,

y el miedo amordaza las voces y se traga sus ecos entre esa paz...


En ese lugar sagrado uno puede escucharse en sí mismo, como unas cuerdas desafinadas de guitarra van tejiendo una dulce canción, puede el que hable oírse por dentro, hilvanando su música sin dejar escapar un sonido...


Dice la leyenda de una pareja que cruzó el valle, apurando el sol de mediodía.. pero uno independiente del otro, desde orientaciones contrarias, con la intención de vislumbrar la cumbre desde allí.. Dos almas que andaban solitarias, buscando ver el último rayo que ardiera en la cúspide del Everest.. Y ese último rayo, alcanzar..

Ambos atormentados, por pesadumbres diarias, por banales reyertas, por amagos artificiosos que no conducen a nada sólido en la vida..

Proscritos, exiliados, fugados de la ciudad donde antaño se conocieron, y se evitaban, diciendo, mañana seremos la yesca que arda en otra latitud.. Miradas que se ahuyentaban, sonrisas heridas que se cruzaron, con animadversión... Su lazo en común no era más que la ternura que brota de la incomprensión.

Tras esa eterna desilusión, se embarcaron en esa aventura incierta, y a la vez tomaron el camino desde diferentes puntos, con la misma inconciencia, ya que ellos no conocían bien la magnitud de su reto. Pero tuvieron coraje, y, llegado el momento, expusieron su alma al destino de una muerte más que probable...


Una vez en el valle, cada uno fue escribiendo su memoria de viaje, y en ella, los recuerdos que iban hilando y esculpiendo en las blancas paredes de sus mentes descoloridas por tanta luz..

Aprendieron a enfrentarse a la soledad, a la íntima soledad, tan estrecha a uno, hasta acabar por fundirse esa sombra a nuestra piel... Aprendieron a no excusarse con mentiras que aparentan más de lo que son.. Musitaban versos y comparaban su menudez a la escarpada forma que se alzaba al final del valle...

- Quizá porque auguraste una nueva en mí,

cuando yo solamente era- aún- una estrella muda
extinguiéndome en el zagüán de la indiferencia...

- Decía ella -


- Quizá porque me espetaste un cruel no,

cuando yo sólo enfoqué tu frágil luz

hacia mi oscura existencia,

para abrigarme, esconderme en ti..

- Decía él -



Dieron los pasos equivocados, y anduvieron sumidos en las dudas que empañaban los cristales con los que veían las cosas, y soltando suspiros que se convertían en vaho, suspiros al infinito... Encogidos de frío, con momentos de clara debilidad...



-Mi silencio no ha evolucionado.

el cielo en tu noche no tiene sentido,

es por eso que no tengo fuerza para seguir aquí:

Quiero que sepas

que pensé que haría esto sólo porque me lo prometí:

Pero ahora que descubro que lo hice Por ti,
y no volverás, ya no me importa

En mis ojos alegres laten lágrimas cobardes..



- Y sé que mañana

lloverá tu recuerdo en cada uno de los sueños

y beberé equivocada, la ternura en un falso beso

como presa fácil del olvido que fui..



Así, agotados, se quedaron dormidos, se les hizo tarde y se rindieron en las faldas ya de la cima.

Uno en frente del otro, separados por la inmensidad, el absurdo, la no verdad, del vacío..




Al amanecer, y verse, pensaron que estaban dentro de un sueño, despiertos soñando, porque

todas la nubes estaban por debajo de ellos, a la altura a la que quedan los destinos imposibles de

alcanzar.. Estaban a ras del horizonte, en medio del cielo, montados en un alambre, equilibristas
frágiles al borde del abismo, sumidero de todas las palabras...


Juntos, esbozaron una última estrofa, sin saber cómo habían llegado hasta allí...


Creo que,

en tu porvenir te proveerán las tinieblas de alegrías,

tan extrañas como te darán amor,
sabiduría:
te las darán

más esas hondas y densas sombras,

que esa luz que crees ver y no es.


Pero eso será cuando no te pesen los párpados,

y seas capaz de despertar en tu sueño,

y sentir esa ternura de ti que va en mí...
Y compartirla conmigo, porque tu fragilidad es tu arma más fuerte.


LISTEN TO THE WARM