miércoles, 27 de febrero de 2008

Se olvida el Silencio


No sólo me quedaron los latidos- tan cortos- del agua…

No sólo se durmieron tus ojos, en la primera ausencia

Sino que gravitan los vuelos diurnos de las aves

En mi memoria, y se contemplan sombras

En los paisajes que la retina- Grabó…


Pero se olvida el Silencio- una vez más-

Su rumbo se pierde como trenes de despedida

Como palabras raspando el imposible,

Que lloran en mi corazón…


El alma las transfunde de un recuerdo a otro recuerdo

Y el silencio va también en ellos…

No sólo nos queda el mañana- que entre olas, surgió, como infinito-

Se nos olvida todo el silencio que queda- esperando a que lo encuentren…



Se nos olvida su canto, su pericia,

Su vivir pausado entre las nubes sesgadas

Se nos olvida su caricia en los labios,

En la distancia de la luz que nos arrolla…

Se nos escapa, Siempre.

Siempre es más grande de lo que imaginamos… ¿por qué?



Darle un solo color no se puede,

Sembrarlo en la soledad es tan difícil,

A veces viene en la página en blanco,



Como escondido, como sellado…



Es raro verse atrapado por él

Es el pasado mezclado con el presente

En unos tesoros infantiles…


Dice mucho quien observa el silencio,

Quien lo guarda, quien lo esparce y lo levanta hacia el cielo…

Dice mucho quien lo lleva, como pincelado en el rostro…

Quien lo extraña, quien lo separa y sabe darle forma entre palabras…


Dice mucho quien lo grita, quien lo escancia en sueños…

Quien lo acuna, quien lo presencia,

quien lo escucha, quien lo provoca..

Dice Todo quien lo Ama..

domingo, 24 de febrero de 2008

Un Verdadero Equipo

Ella le preguntó:

- ¿Por dónde sigue el camino?

- Haz lo que te parezca mejor.


Miró al presente con la sonrisa hendida, se sintió inmediatamente catapultada a la

soledad. Con aquellas palabras la habían abandonado a su propio criterio, se había

transpapelado en un sueño veloz toda su determinación..

Era un atardecer fluorescente, detrás quedaban relaciones vacuas que

dejaron ingratos recuerdos. Pero todo tiene una compensación. Almas amigas, que se

encontraron después de mucho tiempo, algunas eran profundas por carta y emotivas en

el cara a cara... Muchas veces, se apartaban cierto tiempo, y asumían la

indiferencia del otro, por motivos de prioridad. Otras, eran reclamadas, y se

pusieron en duda por difamaciones, interferencias. Y de ahí renacieron los mejores

lazos de complicidad.


Pero se enojó al pedir consejo a uno de sus maestros en la vida. Incluso de que

interpusiera su silencio como manera para autoreflexionar. Luego, entendió que

el camino es un reflejo de lo que uno es, y siente, y dice. Y que la vida no da galones por

los kilómetros recorridos, sino por la calidad de los paisajes que uno ve...



-No se puede abarcar el horizonte desde cualquier parte del

camino
, sino esperar a coronar una pequeña colina, para tener cierta perspectiva. Desde ella,

divisar la etapa

acabada, vencida.

Uno de esos amigos diferentes tomó una breve pausa y se marchó... Ese pequeño impass

marcó un antes y un después en las vidas de todos. Fue como si al faltar un

violín desafinaran el resto de instrumentos de la orquesta.

Pero siguieron tocando, aunque le faltaron fuerzas, andando juntos sintiendo la

ausencia en cada

tramo del sendero...

Muchos de los que se habían perdido, volvieron a preguntar por él, y a mostrar su apoyo

incondicional.

La manera en que unos se guiaban a otros, era mucho más auténtica. Porque ya no

encomendaban a

uno sólo todo el buen mando, sino que cada uno tenía su importancia en la cadena. Aquello,

también conllevaba algunos inconvenientes: si un eslabón se rompían no llegaba la información

al posterior... Así aprendieron a no menospreciar ningún corazón por más discreto que fuese. Y a

empujar al más débil transmitiéndole el relevo de su experiencia.


-Todos somos imprescindibles, pero no insustituibles. Es decir, tenemos que

demostrar que

damos lo mejor por el bien común. Si una parte del universo se apaga, la otra pierde la energía

consecutivamente.


Nuestro tiempo es limitado. Nadie nos garantiza que vamos a gozar del amor, del afecto del

otro para siempre. Tendremos que demostrar que queremos conservarlo con hechos probados.


Y así es que el que les faltaba volvió. Fue gracias a que cada uno se implicó en nuevas razones

para el camino. El resurgimiento personal es un deber único. No debemos interferir en los

momentos de duda de alguien. Sino dejar que rectifique sin preguntarle cómo lo ha hecho.


Ese era todo el secreto de su éxito. Eran un verdadero equipo. Sus miradas prodigaban

confianza.

Se emocionaban con los triunfos de los que iban progresando. Se sabían perdonar con un abrazo

sin ahorrar una palabra de admiración o disculpa. Sabían esperar porque la paciencia era su

mejor cualidad

Pero sin duda, para no romper un equipo tenían que ser más exigentes en la Virtud.

Ser prudentes y exigentes los haría un equipo no triunfal, sino Triunfador.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Alegría


Mañana- que parece arder con retraso

Taladra el Olvido

y la constancia del Tiempo despoja mis latidos

de su cadencia


Laxitud- flotan mis pasos.

Sólo el alma ambigua se alivia en los descansos

en eternos instantes de sol...


Creer sin ver- el agua agoniza despacio...

se deduce su fulgor detrás de la sombra:

otro día más extraño

en el eterno axioma del Amor...,

del Error..


Florecida- de una roca estéril susurrada,

silbando su frágil cuerpo contra el silencio

cuando todo parece casi real

entre Tú y Yo...


Amanecida- ¿en qué duele casi preguntarlo,

casi asumirlo, acercarlo a palabras...?

¿qué eres?

sólo ruido de hojas batido,

tan distante, tan callado...


Provocas la sonrisa ahora que te has ido,

como el ojo que nunca me ve

pero siempre me mira ...

Desde que no sé nada más de ti,

tardas más en recordarte, tan mía...


Brotarás- flor solitaria, viva- tristeza ficticia

que ya no siento.

Como el asombro que ya perdí:

mientras pueda amarte

sin pensarte


mientras pueda transportarme hacia ti...

ignorando ese dolor guía


Te quejarás- rabia ingenua-

contra el aire,

porque eres una luz que se tragó una lágrima...


Te disfrazarás- acaso de nombres-

corriendo por la ciudad, sin que pueda alcanzarte,

porque no sabes de dónde has venido,

ni quién eres, ni hacia dónde vas...


Retenida sin cuerpo en el espejo,

arrancada del cenit de la montaña,

eres la voz que todavía no han besado,

ardes en retraso, pero no eres del vacío...


Te salvarás en el poema,

... en mis labios, cuando pueda sellarte

con una misma idea...

Cuando estrellas rayen tu imposible,

y existas, breve estela de ilusión...


lunes, 18 de febrero de 2008

Dormido entre las hojas de los libros

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"Lo barro desde el interior,


me digo que no es para mí,

que yo sólo quiero la flor del tiempo...


No necesito nada más

que el soplo de un amanecer,

que el resto es sólo el humo del incienso.

Duérmete al cobijo de esta tarde,

duérmete al agua de anís,

duérmete al arrullo de la brisa,

duérmete al verde fugaz. . .


Dime que fue verdad que hubo un sendero aquí,

que también yo ando perdido...

Como el torero al que abandona su coraje

busco yo a tientas burladeros...


Duérmete con la nana del gitano,

duérmete al verde fugaz,

duérmete bajo un nido de pecados,
duérmete...
que yo velaré.

Cuando el vapor del alma fiera se disipa

queda el torero económico..

Si es que existen,

he de encontrar

lenguajes de un mundo que está dormido entre las hojas de los libros.

Prefiero decir la verdad si sólo puedo respirar junto al árbol de las hojas que ríen. "


Manolo García







domingo, 17 de febrero de 2008

EL SILENCIO

He vuelto: no traigo excusas, sólo estuve alejada temporalmente por orden de prioridades... pero perdonad mi ausencia- silencio, que no me gusta tanto, pero a veces es inevitable y necesaria. Prometo contestaros todas vuestras cariñosas respuestas. Os dejo este prodigio de Clarice Lispector, dedicado especialmente a mi amiga Graciela, y mi buen amigo Jose. Un abrazo a todos los demás y muchas gracias por todo lo que vertís en este diario..

"Es tan vasto el silencio de la noche en la montaña. Y tan despoblado. En vano uno intenta trabajar para no oírlo, pensar rápidamente para disimularlo. O inventar un programa, frágil punto que mal nos une al súbitamente improbable día de mañana. Cómo superar esa paz que nos acecha. Silencio tan grande que la desesperación tiene vergüenza. Montañas tan altas que la desesperación tiene vergüenza. Los oídos se afilan, la cabeza se inclina, el cuerpo todo escucha: ningún rumor. Ningún gallo. Cómo estar al alcance de esa profunda meditación del silencio. De ese silencio sin memoria de palabras. Si es muerte, cómo alcanzarla.


Es un silencio que no duerme: es insomne; inmóvil, pero insomne; y sin fantasmas. Es terrible: sin ningún fantasma. Inútil querer probarlo con la posibilidad de una puerta que se abra crujiendo, de una cortina que se abra y diga algo. Está vacío y sin promesas. Si por lo menos se escuchara al viento. El viento es ira, la ira es vida. O nieve. La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo, los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella. Hay una continuidad que es la vida. Pero este silencio no deja señales. No se puede hablar del silencio como se habla de la nieve. No se puede decir a nadie como se diría de la nieve: ¿oíste el silencio de esta noche? El que lo escuchó, no lo dice.
La noche desciende con las pequeñas alegrías de quien enciende lámparas, con el cansancio que tanto justifica el día. Los niños de Berna se duermen, se cierran las últimas puertas. Las calles brillan en las piedras del suelo y brillan ya vacías. Y al final se apagan las luces más distantes.
Pero este primer silencio todavía no es el silencio. Que espere, pues las hojas de los árboles todavía se acomodarán mejor, algún paso tardío tal vez se oiga con esperanza por las escaleras.
Pero hay un momento en que del cuerpo descansado se eleva el espíritu atento, y de la tierra, la luna alta. Entonces él, el silencio, aparece.
El corazón late al reconocerlo.
Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. Pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aun el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta —cómo ardemos por ser llamados a responder—, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano humillado de nacimiento.
Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio.
Puede intentar engañársele, también. Se deja caer como por casualidad el libro de cabecera en el suelo. Pero, horror, el libro cae dentro del silencio y se pierde en la muda y quieta vorágine de éste. ¿Y si un pájaro enloquecido cantara? Esperanza inútil. El canto apenas atravesaría como una leve flauta el silencio.
Entonces, si se tiene valor, no se lucha más. Se entra en él, se va con él, nosotros los únicos fantasmas de una noche en Berna. Que entre. Que no espere el resto de la oscuridad delante de él, sólo él mismo. Será como si estuviéramos en un navío tan descomunalmente grande que ignoráramos estar en un navío. Y éste navegara tan largamente que ignoráramos que nos estamos moviendo. Más de eso, nadie puede. Vivir en la orla de la muerte y de las estrellas es una vibración más tensa de lo que las venas pueden soportar. No hay, siquiera, un hijo de astro y de mujer como intermediario piadoso. El corazón tiene que presentarse frente a la nada sólito y sólito latir alto en las tinieblas. Sólo se escucha en los oídos el propio corazón. Cuando éste se presenta completamente desnudo, no es comunicación, es sumisión. Además, nosotros no fuimos hechos sino para el pequeño silencio.
Si no se tiene valor, que no se entre. Que se espere el resto de la oscuridad frente al silencio, sólo los pies mojados por la espuma de algo que se expande dentro de nosotros. Que se espere. Un insoluble por otro. Uno al lado del otro, dos cosas que no se ven en la oscuridad. Que se espere. No el fin del silencio, sino la ayuda bendita de un tercer elemento, la luz de la aurora.
Después, nunca más se olvida. Es inútil intentar huir a otra ciudad. Porque cuando menos se lo espera, se puede reconocerlo de repente. Al atravesar la calle en medio de las bocinas de los autos. Entre una carcajada fantasmagórica y otra. Después de una palabra dicha. A veces, en el mismo corazón de la palabra. Los oídos se asombran, la mirada se desvanece: helo ahí. Y desde entonces, él es fantasma."